Por Pablo Sanchez
Un pequeño cambio, grandes resultados
Ya dijimos que con muy poco se puede hacer mucho. Como cuando sólo un cuadradito de levadura multiplica mágicamente la masa de la pizza (¿ya les contamos de las exquisitas pizzas que amasa Matías? Dice que la receta es un secreto de la familia Dutto, pero nosotros sospechamos que la sacó de Wikipedia).
Los días con muchas reuniones, un par de contratiempos y mucho tráfico, le pueden sacar el buen humor a cualquiera. Un pequeño cambio que puede dar vuelta la situación y ofrecer grandes resultados es tomarse un espacio para respirar profundamente. La respiración superficial –que es, lamentablemente, la que más utilizamos- impide que el cuerpo obtenga suficiente oxígeno como para funcionar bien.
Una respiración profunda, más lenta y calmada, le proporciona mayor oxígeno a las células, lo que disminuye la frecuencia cardíaca, baja la presión arterial y mejora la circulación. Es un mandato milenario del Yoga, que hoy sabemos que se apoya en un hecho totalmente científico y comprobable.

En el sitio Real Simple, leímos que el médico Andrew Weil, autor del libro “Healthy Aging”, sugiere hacer un sencillo ejercicio dos veces al día o en los momentos de máxima tensión. Hay que colocar la punta de la lengua contra la zona del paladar en la que están los dientes superiores. Luego, se exhala completamente todo el aire que tengamos (quizás sintamos un pequeño zumbido en los oídos, a no preocuparse) y se cierra la boca para inhalar profundamente por la nariz mientras se cuenta hasta cuatro, se contiene el aire hasta contar siete y exhalar de nuevo con la lengua en el techo de la boca. Con repetir el ejercicio cuatro basta.
¡Necesitamos buena energía para hacer buenas cosas!


























